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domingo, 1 de noviembre de 2015

PALABRA Y VIDA: DOMINDO 01/11/2015 DIA DE ÁNIMAS (SANTOS DIFUNTOS)

Saludos mis estimados lectores o no lectores de este blog de proyección espiritual. Hoy acompaño con estas pocas lineas la palabra del día,únicamente para desearles que hoy como día principal de ánimas,absorban de esos recuerdos que siempre nos quedan y piensen siempre en los momentos felices que vivimos siempre a su lado pues así es como ellos desean vernos pues de lo contrario otro tipo de sentir o pesar, los retrae y apresa aquí en la tierra y debemos ser comprensivos y ayudarlos a desprenderse de cualquier vinculo terrenal para que así puedan ascender y  encontrar su descanso eterno pues debemos aprender y entender que todos al final del caminar,volveremos a reencontrarnos y el buen sentir nace de la propia generosidad y entendimiento de uno mismo donde aceptar a la muerte como propia parte de la vida ayudará a esos seres difuntos a reposar en paz y así ayudarlos a que sus almas encuentren luz  y descansen.
El egoísmo siempre será la peor opción que deberíamos elegir y recuerden que dentro de las enseñanzas de la vida una de ellas es la de aprender aceptar la muerte como una parte más de nuestro destino.Disfruten hoy de esas atenciones y recuerdos que hoy brindamos a nuestros seres queridos difuntos y.....HASTA LA PRÓXIMA AMIGOS!!  ......FELIZ DÍA DE DIFUNTOS!!






Domingo 1
Todos los santos






Oficio de la S.
Ap 7,2-4.9-14 /Sal
23 / lln 3,1-3 /Mt 
5,1-12a




                             Apocalipsis 7,2-4.9-14

 Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!». Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió. «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Salmo 23
Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.


1 Juan 3,1-3
Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!.
El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.



Mateo 5,1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».


Onomástica de la felicidad
Si tuviéramos que escoger un día para celebrar la felicidad, nos quedaríamos, sin dudarlo, con el uno de noviembre, el Día de Todos los Santos. Hoy elevamos nuestra mirada a las alturas y contemplamos la meta de nuestro caminar, el final de nuestros pasos, la estación- término de nuestras vidas: la Iglesia de los bienaventurados. El amor, «que no pasa nunca», nos une con ellos al mismo Padre, al mismo Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. Por esta profunda unidad nos sentimos hoy cerca, muy cerca de todos los santos que han creído y esperado lo mismo que nosotros creemos y esperamos. Los tesoros de su santidad son «bienes de familia» con los que podemos contar. La fórmula de la santidad es muy sencilla: «Ábrete a Dios, escucha su proyecto de vida sobre ti, realízalo con fidelidad y encanto cada día». Y serás feliz.





 

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL SÁBADO 31/10/2015



Sábado 31
Alonso Rodriguez; 
Quintín; Jerónimo
Hermosilla; Bta
María Purísima de
la Cruz





XXX del T.O.
2° del salterio
Rom 11,1-2a.11-12
25-29/Sal 93 /Lc
14,1.7-11



                                      Lucas 14,1.7-11

 Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: "Cédele el puesto a este". Entonces, avergonzado, iras a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba". Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».


La vanidad nos ciega
Jesucristo va tomando de la realidad, de los comportamientos humanos, una serie de enseñanzas para ordenar nuestras vidas conforme a su hermosa escala de valores: el respeto, la dignidad, la felicidad y el disfrute de la vida de cada persona. Y se va dando cuenta de cómo la gente, y aquellos pequeños líderes religiosos, buscan la vanidad de los honores, saltándose, si hace falta, los derechos y la dignidad del prójimo. La enseñanza que Cristo quiere grabar en nuestras vidas es clave: lo primero y lo esencial es el ser humano. Quizás no nos demos cuenta, pero una de las grandes sombras que nublan la vista es la vanidad, junto al poder, el dinero y el placer. La vanidad enturbia nuestra mirada, hasta despeñarnos en el olvido del prójimo, sin respeto a sus derechos. ¡Y todo esto a propósito de una comida en casa de un fariseo!

«Todos los creyentes han de comprender —nos decía Benedicto XVI— la necesidad de traducir en gestos de amor la Palabra escuchada, porque solo así se vuelve creíble el anuncio del Evangelio».






PALABRA Y VIDA: VIERNES 30/10/2015




viernes 30
Claudio; Marcelo; 
Zenobio; Hipólito; 
Macario






XXX del TO.
2° del salterio
Rom 9,1-5 / Sal 147
/Lc 14,1-6





                                         Lucas 14,1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los maestros de la Ley y fariseos, preguntó: «¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: «Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?». Y se quedaron sin respuesta.


La clave es acoger a todos como hermanos
Jesús se interna en la vida social, trata con todo el mundo, incluidos los que se encuentran más lejanos de su persona, de sus valóres, de sus actitudes, de su doctrina. No importa. Va a casa de uno de los principales fariseos, que le ha invitado a comer. Y aprovecha la ocasión para iluminar la estancia: primero, con su acción sanadora, curando a un hombre enfermo, y a continuación, con la luz de sus enseñanzas. Hacer el bien a los demás no tiene un horario, ni queda excluido de nuestros horarios. Siempre hemos de estar dispuestos a ayudar, a enseñar, a iluminar mentes y a entusiasmar corazones. Una preciosa lección que hemos de aprender en esta hora: no excluir ni alejarnos de los que no piensan como nosotros. Todo lo contrario: buscarles, tratar con ellos, abrirles las puertas de nuestro corazón, iluminarles y, si hiciera falta, curar siempre sus heridas.

Señor, que en cada hombre y mujer vea yo tu imagen, y en sus semblantes, tu rostro. El mundo se divide en dos clases de habitantes: los que sabemos que somos hermanos y los que todavía no lo saben.





jueves, 29 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL JUEVES 29/10/2015




jueves 29
Narciso; Bto. Joaquín
Royo; Bto. Miguel
Rúa






XXX del T.O.
2' del salterio
Rom 8,316-39/Sal
108/ Lc 13,31-35



                                  Lucas 13,31-35 
En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte». Él contestó: «Id a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término". Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor"». 

Jesús, frente al poder
Impresiona la escena y la amenaza: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte». A Herodes le preocupa la predicación de Jesús, pero, sobre todo, la influencia que puede ejercer su palabra en las gentes, porque le restaría poder y mando. Y reacciona con la amenaza. Jesús responde con absoluta libertad frente al poder político y frente a los notables de su tiempo. Brilla la audacia, nos enseña la valentía de los profetas, que no se vienen abajo, ni se retiran, ni retroceden ante las dificultades o los muros de la incomprensión. Resuena especialmente en nuestros oídos el lamento que Jesús hace sobre Jerusalén y nos enternece su actitud acogedora, defendiendo a los más débiles. Prefiere morir antes que abandonar a sus polluelos. Así es el corazón de Dios: acogedor siempre, defensor nuestro, con la entrega a punto de su vida por nosotros.


Oye cómo te dice a ti Jesús: «Estás inquieto y nervioso con tantas cosas. Busca el reino de Dios. Elige la mejor parte y nadie te la quitará». 












habana vieja1

miércoles, 28 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: MIERCOLES 28/10/2015




miércoles
S. Simón y 
S. Judas, f. 
Anastasia;
Hermelinda





Oficio de la f
Ef 2,19-22 /Sal 18/
Lc 6,12-19 

                                Lucas 6,12-19           
En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día,llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan,felipe,Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Vertían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados,y la gente trataba d tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

«Y pasó la noche orando...»
Cristo va a elegir a sus apóstoles. Y como pórtico de esa elección, coloca una noche de oración en el silencio de la montaña. En la lista de los Doce, el primero que aparece es Pedro, al que cambiará de nombre, gesto que, en la cultura israelita, significa «cambiar de personalidad». Simón pasa a ser «petros», roca sólida, a pesar de sus sombras e infidelidades. Aquellos apóstoles han sido seducidos por Jesús, y en la convivencia de cada jornada, aprenderán de su Maestro lo que significa el reino de los cielos, cuáles son sus características principales y cuál será su tarea, en la que van a empeñar su vida hasta la muerte. Dos grandes lecciones para nosotros: la oración como pórtico de nuestras decisiones; la gratitud de sabernos elegidos en las manos del Señor.

Somos familia en la fracción del pan. Solo al partir el pan podrán reconocernos. Seamos pan, hermanos. Ese pan, el Cuerpo de Cristo, será vida y salvación, esperanza y resurrección. 







martes, 27 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL MARTES 27/10/2015





martes 27
Frumencio; Vicente, 
Sabina y Cristeta






XXX del ro.
2° del salterio
Rom 8,18-25/Sal
125 / Lc 13,18-21





                                                  Lucas 13,18-21
          
En aquel tiempo, Jesús decía: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas». Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».



Elogio de Cristo a tres virtudes
La parábola del grano de mostaza y de la levadura encierran el elogio de Cristo a tres virtudes cristianas: la humildad, la pequeñez, la sencillez. Cristo no nos habla de los poderes externos, a través de los que puede dominarse la sociedad. Todo lo contrario. Nos plantea cómo hemos de transformar el mundo: con la pequeñez del grano de mostaza que se entierra o de la levadura que se funde con la masa. Será nuestra «fusión» con la realidad, portadora de Dios, de los valores de su reino, la que haga posible la verdadera transformación. Nosotros ponemos de nuestra parte algo tan sencillo como nuestra vida y nuestro corazón. Y Dios pone su mano, su gracia, que realizará ese crecimiento inmenso de una semilla, hasta convertirse en árbol que acoge las aves del campo. A la humildad y a la sencillez, seguirá el asombro.


Dios no quiere solo tus obras. Dios no quiere solo tus oraciones. Dios no quiere solo tu santidad. Dios solo quiere tu amor. La humildad, la sencillez, la pequeñez de nosotros mismos.








lunes, 26 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL LUNES 26/10/2015




lunes 26
Evaristo; Bernardo; 
Rogaciano






XXX del TO.
2° del salterio 
Rom 8,12-17 / Sal 
67 / Lc 13,10-17



                                 Lucas 13, 10-17
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados». Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años,¿no había que soltarla en sábado?». A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.


La persona y su dolor es lo primero
El principio es claro y la lección para nosotros tendrá siempre rabiosa actualidad: el jefe de la sinagoga antepone la observancia de las leyes, según su interpretación, a la vida misma de las personas. Jesús, en cambio, impone las manos y cura a aquella mujer encorvada para que quede en claro la misericordia de Dios, la importancia de una vida ante las observancias humanas, llevadas al extremo. Jesús, además, echa en cara a aquellos fundamentalistas la sinrazón de sus actitudes: la liberación del sufrimiento humano, la ruptura de las cadenas que esclavizan, la persona humana, es lo primero y lo más importante. Jesús mira con amor infinito las situaciones humanas, mira nuestro corazón dolorido. Y, enseguida, extiende sus brazos para devolvernos la salud, la libertad, la paz.


Señor, queremos mirar siempre, lo primero de todo, el corazón de nuestros hermanos, descubrir sus males, detectar sus problemas más hondos, para extender nuestras manos y curar sus heridas.







domingo, 25 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: DOMINGO 25/10/2015



Domingo 25
Na Sra. del Buen 
Suceso; Bernardo 
Calbó; Crisanto y Daría; Crispín 
y Crispiniano; 
Gaudencio de 
Brescia; Frutos



2a del salterio
ler 31,7-9/Sal 125
/ Heb 5,1-6/ Mc
10,46-52




                          Jeremías 31, 7-9
Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas:
una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito»

.
Salmo 125
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.


Hebreos 5,1-6
Hermanos: Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec».



Marcos 10, 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


Las tres cegueras de hoy
La escena del ciego Bartimeo nos llega a las entrañas: sus ganas de salir de la oscuridad; su fe en la presencia de Jesús; ese salto que da, abandonando la cuneta y el manto. Hemos de estar atentos a esas tres cegueras que, con frecuencia, padecemos acaso sin darnos cuenta. Primera: la ceguera de no ver a Dios, de no sentir su presencia, de no escuchar su voz; la ceguera de no percibir las luces y las sombras, sin que captemos el peligro de los abismos, ni tampoco los brillos de los paisajes más hermosos; tercera, la ceguera de «los signos de los tiempos», de la que nos hablara el concilio Vaticano II, que nos abren nuevos horizontes. Son tres cegueras que pueden acompañarnos en muchos tramos de la vida, privándonos de Dios.


Aquí estoy, Señor, como el ciego al borde del camino, cansado, sudoroso, polvoriento, mendigando por necesidad y oficio. Que vea, Señor, tus sendas; que vea, Señor, los caminos de la vida; que vea, Señor, ante todo, tu rostro, tus ojos, tu corazón.







sábado, 24 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: SÁBADO 24/10/2015




sábado 24
S. Antonio Mª
Claret, m.I.
Luciano y Marciano;
Duna; Luis Guanella





XXIX del TO.
1a del salterio
Rom 8,1-11 / Sal 23
/ Lc 13,1-9


                                 
                          Lucas 13,1-9

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera». Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?': Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas"».


Hay que cambiar el corazón
He aquí una página dura, difícil, pero importantísima en sus lecciones y mensajes. Sabemos que en tiempos de Jesús, Galilea fue patria de numerosos disidentes antirromanos. Y se nos dice que un grupo de galileos fue asesinado, con especial crueldad, por legionarios romanos en el templo. El crimen fue una auténtica provocación. Jesús, en sus palabras, quiere llegar al fondo del problema, convencido de que los conflictos políticos no se resuelven cambiando solamente a los gobernantes. Hay que cambiar el corazón, curar a fondo las heridas. La vertiente política queda iluminada por el mensaje religioso. La parábola final de la higuera nos habla de la ternura de Dios, de su paciencia infinita con nosotros.


«Todos los creyentes en Cristo —nos dijo Juan Pablo II en la Redemptoris missio— deben sentir como parte integrante de su fe la solicitud apostólica de transmitir a otros su alegría y su luz», para transformar así sus corazones.


viernes, 23 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL VIERNES 23/10/2015



viernes
S. Juan de 
Capistrano, m.l. 
Servando y
Germán; Ignacio
de Constantinopla; 
Juan Bono




XXIX del T.O.
1° del salterio
Rom 7,18-25a /Sal 
118 / Lc 12,54-59


                                                                                                                                                                                                                                                 
                                    Lucas 12,54-59 
            
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás e allí hasta que no pagues el último céntimo».


Los signos de los tiempos
Lo proclamó con fuerza el concilio Vaticano II: «La Iglesia tiene el deber permanente de escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4,1). Los «signos de los tiempos» nos invitan a colocar nuestra mirada en la marcha del mundo, en la humanidad sufriente que busca y no encuentra un mundo mejor. Pero ahí están, ante nosotros, «los signos de los tiempos»: el hambre que nos interpela; la debilidad de tantos seres humanos que nos reclama; las injusticias que nos sublevan; las violencias que nos aterran; las guerras, con tanta sangre derramada como salpica la piel del alma. Y, mientras tanto, ¿qué hacemos nosotros? ¿Cuál es nuestro granito de arena? ¿Guardamos silencio o ponemos el grito en el cielo y en la tierra?


Alguien dijo, con emoción y encanto: «La Biblia es un menú de Pan fraterno. Jesús es el Pan vivo. El universo es nuestra mesa, hermanos».




jueves, 22 de octubre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL JUEVES 22/10/2015



jueves 22
Donato de Fiésale; 
Nancto; Salomé; Juan Pablo II; Bto. 
Timoteo Giaccardo







XXIX del T.O.
lº del salterio
Rom 6,19-23 /Sal 1
/ Lc 12,49-53


                                Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».


Jesús, manifestación de Dios en el mundo
Jesús utiliza la metáfora del fuego, que en la Biblia es la representación de una teofanía: hablar de fuego es hablar de una manifestación de Dios. Con esta imagen del fuego, Jesús introduce la imagen del bautismo: el bautismo es el acto por el que el cristiano asume en la vida el mismo destino que asumió Jesús. Y cuando este destino se toma en serio, vienen los conflictos. Por eso, Jesús dice que Él no ha venido a traer paz sino división: vivir el cristianismo auténtico entrará en conflicto, inevitablemente, con los intereses económicos, con las ideas políticas, con los asuntos familiares. Saldrán a flote los egoísmos y los intereses. Seguir a Cristo es apostar por la verdad, el amor, la justicia, la libertad y la paz. Y de ahí, esa división, esos enfrentamientos.


Señor, infunde en nuestras vidas el fuego de tu amor, un fuego que nos purifique y que nos convierta en antorchas vivas para iluminar el mundo.









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