Salterio 2° Semana. Tomo II Semana Santa MARTES SANTO 22 MARZO
Santos Epafrodito NT, Bienvenido Scotivoli ob, Lea vd', Calinicas y Basilisa tras
Papa Francisco: Judas vendió a Jesús por treinta monedas. Jesús es como una mercancía: fue vendido entonces y otras muchas veces en el mercado de la historia, en el mercado de nuestra vida. Cuando nosotros optamos por las treinta monedas, dejamos a Jesús de lado. Cuando hablar se convierte en habladuría, en murmuración, eso es una venta, y la persona que está en el centro de nuestra murmuración se convierte en una mercancía. Era de noche. Es la noche del pecador que encuentra de nuevo a Jesús, su perdón, la caricia del Señor. Hemos de abrir el corazón y gustar la dulzura de este perdón. Que hermoso es ser santos, pero también qué bello es ser perdonados.
PALABRA:
Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Simón Pedro hizo señas [a Juan] para que averiguase por quién lo decía. Entonces Juan, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo dé este trozo de pan untado».Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo enseguida». Ninguno de los comensales entendió a ( se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir"». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió «A donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: «¿Conque darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».
ORACIÓN:
Isaías 49,1-6; Salmo 70,1-6.15.17 • JUAN 13,21-33.36-38
CRISTO JESÚS, yo soy ese Judas que te he traicionado tantas veces. Pero no quiero desconfiar de tu misericordia y de tu perdón. Como Pedro, quiero dar mi vida por ti, aunque soy débil: lloraré mis pecados, iré al encuentro de tu mirada de amigo siempre fiel y seguiré tus pasos.
Santos Nicolás de Flue pf er, Agustín Zhao Rong pb mr
Papa Francisco: En su misión terrena, Jesús recorrió los caminos de Tierra Santa. En la Semana Santa vivimos el vértice de este camino. Jesús entra en Jerusalén para dar el último paso, en el que resume toda su existencia: se dona totalmente, no se queda nada, ni siquiera la vida. En la Última Cena, con sus amigos, comparte el pan y distribuye el cáliz «para nosotros». El Hijo de Dios se ofrece a nosotros, entrega en nuestras manos su Cuerpo y su Sangre para estar siempre con nosotros. En el Huerto de los Olivos, como en el proceso ante Pilato, no opone resistencia, se dona; es el Siervo sufriente anunciado por Isaías que se despoja a si mismo hasta la muerte. Jesús no vive este amor que conduce al sacrificio de modo pasivo o como un destino fatal: ciertamente no esconde su profunda turbación humana ante la muerte violenta, sino que se entrega con plena confianza al Padre. Jesús se entregó voluntariamente a la muerte para corresponder al amor de Dios Padre en perfecta unión con su voluntad, para demostrar su amor por nosotros. En la Cruz, Jesús «me amó y se entregó por mí•. Este es también mi camino, el tuyo, el nuestro. Vivir la Semana Santa siguiendo a Jesús no sólo con la emoción del corazón; vivir la Semana Santa siguiendo a Jesús quiere decir aprender a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás, para ir hacia las periferias de la existencia, movernos nosotros en primer lugar hacia nuestros hermanos y nuestras hermanas, sobre todo aquellos más lejanos, aquellos que son olvidados, que tienen más necesidad de comprensión, de consolación, de ayuda. ¡Hay tanta necesidad de llevar la presencia viva de Jesús misericordioso y rico de amor!.
PALABRA: Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió los pies y se los enjugó con su cabellera.Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepulturaa: porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis. Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos por su causa, se les iban y creían en Jesús.
ORACIÓN: Isaías 42,1-7; Salmo 26,1-3.13-14 • JUAN 12,1-11 JESÚS, todo es poco para honrarte. Me uno a María de Betania para poner mi vida a tus pies. No te hace falta a ti, pero a mí sí me hace falta tu aprobación, tu estímulo, tu Misericordia, la fuerza para seguirte hasta la Cruz. (Sigue tu oración personal).
Señor Jesús, con este mismo ramo te acompañamos hoy a recordar tu entrada en Jerusalén, con nuestra presencia en el templo dijimos que somos tus seguidores y que tú eres el rey de los reyes. Ahora te pedimos que protejas a nuestra familia de todo mal y nos conviertas en testigos de tu amor y tu paz, para que un día podamos reinar contigo en la Jerusalén celestial, donde vives y reinas por los siglos de los siglos amén.
SEMANA SANTA DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
Santos Martín de Braga ob, Juan Nepomuceno pb mr Papa Francisco: Jesús es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que Él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar a este mundo nuestro. y, por favor, no os dejéis robar la esperanza. He aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. ¿Por qué la cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. El Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: Jovenes, un corazón joven, incluso a los setenta, ochenta años. Corazón joven. Con Cristo el corazón nunca envejece. Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; Es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús. Tres palabras alegría, cruz, jóvenes.
Procesión:
Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a Berfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó
a dos discípulos diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía.
Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: "¿por qué lo desatáis?", contestadle: " El señor lo necesita"». Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: «¿Por qué desatáis el borrico?». Ellos contestaron: «El Señor lo necesita». Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que habían visto, diciendo: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!. Paz en el cielo y gloria en lo alto». Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Él replicó: «Os digo, que si estos callan, gritarán 1as piedras».
LUCAS 19,28-40
MISA DEL DÍA
⦁Isaías 50,4-7: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
⦁Salmo 21,8-9.17-24: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
⦁Filipenses 2,6-11: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó
sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble —en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo—, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
⦁LUCAS 23,1-49: Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas. El senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.Y se pusieron acusarlo diciendo: «Hemos comprobado que este anda amotinando nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey». Pilato preguntó a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él le contestó: «Tú lo dices». Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: «No encuentro ninguna culpa en este hombre. Ellos insistían con más fuerza diciendo: «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí». Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se .lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante
tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los letrados acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo: «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido; ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré». Por la fiesta tenía que soltarles a uno, ellos vociferaron en masa diciendo: «¡Fuera ese! Suéltanos a Barrabás!. (A este lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio). Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando: «¡Crucificalo, crucifícalo!. Él les dijo por tercera vez: «Pues, ¿qué mal ha hecho este?. No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré». Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús. lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo; Hijas de jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán:"Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes:
"Desplomaos sobre nosotros" y a las colinas: "Sepultadnos."; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?».
Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con
Él. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».Y se repartieron sus ropas echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le increpaba: ..................
«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio?. Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; En cambio, este no ha faltado en nada».Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino».Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». Era ya eso de mediodía y vinieron las nieblas sobre toda la región, hasta la mediatarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio.Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu»
dicho esto, expiró.
El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo: «Realmente, este hombre era justo».Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvian dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
CRISTO JESÚS, comienza la Semana de la Misericordia: mientras unos te aclaman como Rey y Señor, otros traman tu muerte, la que posiblemente apoyen con sus gritos ante Pilato quienes hoy te vitorean. Yo quiero permanecer siempre en tu amor y en tu alabanza. Tú eres mi Dios y mi Rey. Lo proclamo de palabra, y quiero, con tu gracia, dar testimonio de ello ante el mundo. (Sigue tu oración personal).
Sabado 19 Marzo San JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA: DÍA DEL SEMINARISTA
Papa Francisco: Hoy,19 de marzo, celebramos la fiesta solemne de san José, que se merece todo nuestro reconocimiento y nuestra devoción por el modo en que supo custodiar a la Virgen\ Santa y al Hijo Jesús. Ser custodio es la característica de san José: es su gran misión, ser custodio. Hoy quisiera retomar el tema de la custodia según una perspectiva especial: la dimensión educativa. Miremos a José como el modelo del educador, que custodia y acompaña a Jesús en su camino al crecimiento «en sabiduría, edad y gracia», como dice el Evangelio. Él no era el padre de Jesús: el Padre de Jesús era Dios, pero él hacía de papá de Jesús, hacía de padre de Jesús para ayudarle a crecer. ¿ Como le ayudó a crecer? En sabiduría, edad y gracia.
PALABRA:
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
ORACIÓN:
2Samuel 7,4-5a.12-14a.16; Salmo 88,2-5.27.29; Romanos 4,13.16-18-22
MATEO 1,16.18-21-24
JESÚS, Verbo encarnado en María, la santísima esposa de José, el hombre justo que se fió plenamente de Dios, sin entender casi nada. Yo no, yo quiero razonarlo todo y quedarme sólo con lo que entra en el estrechísimo embudo de mi razón. Pero ante la grandeza de José, que se rinde gozoso a la fe plena en la palabra de Dios, quiero hacer lo que cada día me manda el ángel del Señor, mi ángel de la guarda: creer lo que dice Dios, aunque no lo entienda. Por tu Misericordia, concede esa fe a tu Iglesia, y en especial a los seminaristas, los Esposos y papás, los moribundos... de los que José es Patrón. (Sigue tu oración personal).
Cuaresma/5° Salterio1ª Semana.Tomo II Viernes 18 Marzo
Santos CIRILO DE JERUSALÉN ob de, Salvador de Horta rl, Eduardo re Papa Francisco: Cuando nuestro corazón es de piedra, tomamos piedras de verdad en la mano y apedreamos a Jesucristo en las personas de nuestros hermanos, especialmente los más débiles. ! Cambia, Señor, nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, misericordioso como el tuyo!
PALABRA: Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿ por cuál de ellas me apedreáis?». Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: Sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decian: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».Y muchos creyeron en él allí.
ORACIÓN: Jeremías 20,10-13; Salmo 17,2-7 • JUAN 10,31-42 CRISTO, ¿cómo soy tan necio que te apedreo con mis pecados, cuando veo que todo lo haces bien, para todos y para mí? Quiero estar siempre de tu parte, disfrutando de la naturaleza divina que me regalaste con mi bautismo, simbolizada en la vestidura blanca. Tu misericordia quiere preservar mi blancura, y yo también lo quiero. (Sigue tu oración personal). Aunque no me creáis a mí, creed a las obras.