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martes, 10 de noviembre de 2015
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL MARTES 10/11/2015
Martes 10
S. León Magno,
m.o.
Na Sra. de los
Remedios; Andrés
Avelino; Victoria;
Ninfa; Noé; Aniano
XXXII del T.O.
4º del salterio
Sab 2,23-3,9 /Sal
33 / Lc 17,7-10
Lucas 17;7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer"».
El premio es la plenitud
Extraña un poco esta página del evangelio porque, a primera vista, parece un poco seca, tajante, sin apenas sustancia. Todo lo contrario. Nos recuerda la historia de la pequeña niña africana que llevó a la profesora una caracola preciosa, que fue a buscar hasta una playa lejana. «No debiste haber ido tan lejos para buscarme un regalo», le dijo la maestra. La niña tuvo a punto una respuesta maravillosa: «Es que la caminata forma parte del regalo». Realizar nuestra tarea, vivir nuestra vocación, plasmar cada día los destellos de nuestra misión concreta, «hacer lo que debemos y estar en lo que hacemos», forma parte de la plenitud de nuestra vida. Justamente, por eso, nos sentimos alegres y felices.
Señor, qué hermoso es vivir nuestra propia vida, conforme al guión que nos has trazado. No es la caracola que te ofrecemos lo que cuenta, sino los latidos de nuestro corazón en cada obra bien hecha, en cada acción realizada.
lunes, 9 de noviembre de 2015
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL LUNES 09/11/2015

lunes 9
Ded. de la Basílica
de Letrán, f.
Sta. María la Real
de la Almudena;
Teodoro; Teodomiro
Oficio de la f.
Ez 47,1-2.8-9.12
(o bien: 1Cor 3,9c
11.76-77)/Sa145 /
Jn 2,13-22
Juan 2,13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
El Templo, lugar de tres encuentros
La fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán nos invita a fortalecer la unidad de la Iglesia que se extiende por todo el mundo en la pluralidad, en comunión. Conocemos poco sobre la basílica de Letrán, pero al igual que cada obispo tiene su propia catedral, su iglesia, que es la madre de todas las iglesias y parroquias de su diócesis, la de Roma también tiene su obispo y una iglesia propia: el obispo es el Papa y su catedral es la basílica de San Juan de Letrán, cuya construcción se remonta al año 324, cuando fue consagrada por el papa Silvestre I. Jesucristo nos habla del templo de su cuerpo. Tenemos que llegar a Él, para descubrir el rostro de Dios. En Él sucede el verdadero encuentro entre Dios y el ser humano.
Señor, haz que descubramos el templo de tu presencia en medio de nosotros, y que descubramos también cada templo como lugar de un triple encuentro: Contigo, con los hermanos, con nosotros mismos.
domingo, 8 de noviembre de 2015
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL DOMINGO 08/11/2015

domingo 8
Adeodato; Atanasio
de Nápoles;
Eufrosina; Bta. Isabel
de la Trinidad; Bto.
Juan Duns Scoto
4° del salterio
1Re 17,10-16/Sal
145 / Heb 9,24-28/
Mc 12,38-44
1Reyes 17,10-16
En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba». Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan». Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda solo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos». Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra"». Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.
Salmo 14
Alaba, alma mía, al Señor.
Hebreos 9,24-28
Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres —imagen del auténtico—, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces —como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo—. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.
Marcos 12,38-44
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
¡Qué escena más entrañable!
¡Qué escena más entrañable! La viuda pobre echando todo lo que tiene en el arca del Tesoro. No olvidemos que, en tiempos de Cristo, las viudas, los huérfanos y los extranjeros constituían las tres clases sociales más abandonadas y, por tanto, más necesitadas. Tres preciosas enseñanzas: primera, saber mirar a la gente, adivinando lo que hay en su corazón: «Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas...». «Saber mirar es saber amar». Segunda, Cristo nos enseña a saber valorar a la gente. ¡Cómo ve a la pobre viuda y valora su gesto: darlo todo, dar todo lo que tenía! ¡Cuántas equivocaciones en nuestras valoraciones! Tercera, Cristo nos indica las características de nuestras limosnas: dar de lo nuestro; dar de lo necesario; dar con generosidad.
¡Señor, que aprendamos de esta pobre viuda la gran lección: no solo dar, sino darnos! ¡Es fácil dar algo de lo nuestro, pero es más difícil entregar el corazón! ¡No se trata de ofrecer unas monedas sino la vida entera!
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL SÁBADO 07/11/2015

sábado 7
Jacinto Castañeda;
Bto. Francisco Palau
Quer
XXXI del TO.
3° del salterio
Rom 16,3-9.16.22-
27/ 5a1144 /Lc
16,9-15
Lucas 16, 9-15
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero». Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: «Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta».
La clave es la entrega generosa
Jesús nos ofrece hoy una serie de consejos prácticos para nuestra vida. Todos tienen la misma clave: «no podéis servir a dos señores». La clave es la entrega generosa, la donación fiel. Primero, abrirnos a la voz de Dios que nos traza el camino, que nos revela nuestro proyecto de vida; segundo, aceptarlo sin condiciones; tercero, realizarlo con ilusión y encanto. El problema será siempre el de las flagrantes contradicciones: lo queremos todo, olvidando metas y objetivos. Entonces, llega la contradicción, el fraude a nosotros mismos y el fracaso. «Dios os conoce por dentro», dirá Cristo a los fariseos. Y nos lo dice también a cada uno de nosotros: «conozco tu interior, no me engañes, juega limpio, sé coherente». Y sentirás la brisa de una felicidad nueva.
Señor, haznos dóciles a tu palabra, fieles a tus caminos. No es fácil saber lo que tenemos que hacer en cada hora, pero Tú nos abres los ventanales de la luz para que podamos ver el camino y recorrerlo sin sobresaltos, superando dificultades y obstáculos.
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL VIERNES 06/11/2015
viernes 6
Mártires de
España del siglo
XX, m.o.
Patrocinio de María;
Leonardo de Noblat;
Félix; Severo
XXXI del TO.
3° del salterio
Rom 75,14-27 /Sal
97 / Lc 16,1-8
Lucas 16,1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido". El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que,cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa". Fue llamandó uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?". Este respondió: "Cien barriles de aceite': Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta': Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?". Él contestó: "Cien fanegas de trigo". Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta". Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».
Caminar con los ojos abiertos
La parábola nos alerta sobre el ancho campo de las infidelidades de nuestra vida. Con frecuencia, derrochamos los dones recibidos; no cumplimos las promesas realizadas; nos quedamos con lo que no es nuestro; dejamos el deber al margen. Jesús nos advierte: «hay que recuperar el tiempo perdido, hay que curar las heridas que hemos producido, hay que granjearse amigos que nos reciban». Esta página del evangelio nos invita a que estemos atentos, vigilantes, a que sepamos descubrir cuáles son las reglas del juego para no sentir el fracaso bajo nuestros pies. Una vez más el Señor nos dice que estamos en el mundo sin ser del mundo. Y el mundo exige también caminar con los ojos abiertos. A Dios siempre lo tenemos, siempre nos espera y nos acoge.
Señor, haz que descubramos siempre tus caminos y realicemos nuestra misión, nuestro proyecto de vida. Y que sepamos rectificar a tiempo, antes de que sea tarde.
jueves, 5 de noviembre de 2015
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL JUEVES 05/11/2015
Jueves 5
Ángela de la Cruz;
Zacarías e Isabel;
Pedro el Venerable;
Guido Conforti Ma;
BTA. Maria Ràfols
A XXXI.
Tercero salterio
Rom 14.7 a 12 / Sal
26 / 15,1-70 Lc
Lucas 15, 1-10
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "Yelicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido". Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: "yelicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido". Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
«Comer con los pecadores»
Hasta ahora, quizás, hemos rechazado, huido a otro lugar o abandonado a los que pensábamos que eran pecadores. ¿Cómo mezclarnos o tratar nosotros con los malos? Y así, surgían fronteras de alejamiento, de incomprensión, de rechazo a tanta gente, marcada por la sociedad o por nuestros juicios personales. Hoy vemos cómo los fariseos acusan a Jesús de «comer con los pecadores, de acogerlos, de tratar con ellos». Una de las características esenciales del cristianismo es el sentido fraternal de la historia: cada hombre, cada mujer, esté donde esté y sea cual sea su situación, es mi hermano, mi hermana. Lo que quiere decir que mis manos están abiertas para un abrazo de paz y de esperanza. No se trata solamente de sentirnos «ciudadanos del mundo», sino de contemplar el mundo como «ciudadanos del cielo».
miércoles, 4 de noviembre de 2015
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL MIERCOLES 04/11/2015
Miércoles 4
San Carlos
Borromeo mo
Vidal y Agrícola
La XXXI
Tercero Salterio
Rom 13,8-10 / P
111 / Lc 14,25 33
Lucas 14,25-33
En ese momento, muchas personas acompañaron a Jesús se volvió y les dijo: "Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre ya su madre, su esposa y sus hijos, y hermanos y hermanas, y aun a sí mismo en puede ser mi discípulo. El que no lleva su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo. Así que, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene para acabarla? No Así que si pone los cimientos y no puede terminar, se burló de Él está buscando diciendo: "Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar." ¿O qué rey, si va a dar batalla a otro rey, no se sienta primero y deliberada si con diez mil hombres abandonan el paso que lo ataca con veinte mil?. Y si no, cuando cuando el otro está todavía lejos, envía legados pedir la paz. Lo mismo, no renuncia a todos sus bienes, no puede ser Mi discípulo "
La entrega siempre es total
Cristo nos habla con absoluta claridad: la renuncia es necesaria-para vivir la donación. El planteamiento es de amor, no de intereses. La donación ha de ser de nuestras vidas, de nuestro corazón. Y la entrega siempre es total. Quizás esta es una de las claves para explicar tantos fracasos. Queremos jugar la partida con cartas escondidas, queremos vivir interesadamente según nuestras convivencias. «Corazones partidos yo no los quiero; que si doy el mío lo doy entero». Cristo quiere que amemos para alcanzar la plenitud. Al fin, la verdadera alegría no se encuentra en la posesión de las cosas materiales sino en lo más profundo de la persona. Y es la persona lo que Cristo nos pide. Es decir, nuestro corazón.
Señor, el error es querer darte solo cosas, cuando Tú nos pides la vida y el corazón. Por eso, la entrega ha de ser total y la donación radical. El lenguaje del amor parte siempre de una generosidad total. Ojalá nosotros lo vivamos siempre así.
Cristo nos habla con absoluta claridad: la renuncia es necesaria-para vivir la donación. El planteamiento es de amor, no de intereses. La donación ha de ser de nuestras vidas, de nuestro corazón. Y la entrega siempre es total. Quizás esta es una de las claves para explicar tantos fracasos. Queremos jugar la partida con cartas escondidas, queremos vivir interesadamente según nuestras convivencias. «Corazones partidos yo no los quiero; que si doy el mío lo doy entero». Cristo quiere que amemos para alcanzar la plenitud. Al fin, la verdadera alegría no se encuentra en la posesión de las cosas materiales sino en lo más profundo de la persona. Y es la persona lo que Cristo nos pide. Es decir, nuestro corazón.
Señor, el error es querer darte solo cosas, cuando Tú nos pides la vida y el corazón. Por eso, la entrega ha de ser total y la donación radical. El lenguaje del amor parte siempre de una generosidad total. Ojalá nosotros lo vivamos siempre así.
PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL MARTES 03/11/2015
Martes 3
S. Martín de
Porres, m.l
Malaquías; Silvia;
Bto. Manuel Lozano
«Lolo»; Bto. Ruperto
Mayer
XXXI del T.O.
3° del salterio
Rom 12,5-16a / Sal
130 / Lc 14,15-24
Lucas 14,15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!». Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: "Venid, que ya está preparado". Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor". Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor". Otro dijo: "Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir". El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de la casa, indignado, le dijo al criado: "Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos". El criado dijo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio". Entonces el amo le dijo: "Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa". Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete».
Dios nos invita siempre
Dios sale a nuestro encuentro y nos invita siempre: «Venid, todo está preparado...». A veces será a través de un buen amigo, o a través de una persona desconocida, o de un paisaje luminoso, o de un acontecimiento extraordinario. Pero, acaso cuando menos lo esperamos, llegará Él y nos dirá: «Entra en mi banquete, siéntate en mi mesa, charlemos juntos, cuéntame tu vida y tus problemas...». Dios siempre libera, ilumina, levanta, alienta. Pero, en tantas ocasiones, no tenemos tiempo de escucharle; no encontramos un hueco para detenernos y hablar un rato con Él. Nadie queda excluido de las llamadas de Dios. Por eso, es tan importante saber escucharle y abrir nuestros oídos y nuestro corazón.
Señor, haz que siempre encuentre un hueco para detectar tu presencia, y un poco de tiempo para sentarme contigo, a tu lado, y escuchar tus palabras. ¡Tienes tantas cosas que decirme al oído y al corazón!
lunes, 2 de noviembre de 2015
PALABRA Y VIDA: LUNES 02/11/2015 (CONMEMORACIÓN DE SANTOS DIFUNTOS)
Lunes 2
Conmemoración
de Todos los
Fieles Difuntos
Oficio de difuntos
Sab 4,7-15 / Sal 129
/ 1 Tes 4,13-14.176.-
18 / in 11,17-27
(otras lecturas en el
Leccionario VIII)
Juan 11,17-27
En aquel tiempo, cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor,si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios,Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
La muerte, el paso a la Vida
La visita a los cementerios, con el recuerdo de los seres queridos, es un pequeño gesto de fe, de esperanza y de amor. «Aquello por lo que hemos amado a una persona no muere jamás», y ese amor se hace presencia junto a los cipreses, se convierte en plegaria junto a los nichos y tumbas. La muerte, desde la orilla de la fe, es pascua y encuentro; «paso» a la Vida, a la plenitud de nuestras vidas en la intimidad con Dios, en palabras de san Juan Pablo II, y «encuentro» de lo que tanto se buscaba. «Morir solo es morir; morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva; es cruzar una puerta a la deriva. Y encontrar lo que tanto se buscaba», proclamó en sus versos J. L. Martín Descalzo. Las palabras más hermosas que se han pronunciado sobre la faz de la tierra brotan cada día de los labios de Jesús de Nazaret: «Yo soy la resurrección y la vida».
Señor, Tú siempre estás con nosotros, incluso en las noches oscuras, en la última noche, en la última soledad, en la que nadie puede acompañarnos, en la noche de la muerte... Tú siempre sales a nuestro encuentro.
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