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jueves, 24 de diciembre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL JUEVES 24/12/2015



Jueves 24
Luciano; Adela 







IV de Adviento.
Oficio del día
Mañana: 2Sam
7,1-5.1-12.14a.16
/ Sal 88 /
Lc 1,67-79


Vespertina:
1s 62,1-5 /Sal 88/
He 13,16-17.22-25
/ Mt 1,1-25



                                                                      Lucas 1,67-79
En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo; según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».


La Gran Noticia de todos los tiempos:
Hoy es Nochebuena, una de las noches que cambiaron el rumbo de la historia. ¡Cuántos recuerdos, cuántas presencias y ausencias, cuántos mensajes! Podemos y debemos preguntarnos: «¿Para cuántos será buena esta noche?». Acaso la posible respuesta nos hiera el corazón y nos invite a reflexionar sobre cómo sentir y vivir nuestro cristianismo. El evangelio recoge el canto de alabanza de Zacarías después del nacimiento de su hijo. En la primera parte da gracias a Dios, y en la segunda sus ojos miran hacia el futuro. Todo él rezuma alegría y esperanza, al reconocer la acción salvadora de Dios con Israel, que culmina en la venida del mismo Dios encarnado, preparada por Juan. «Bendito el Señor, Dios de Israel...». «El Señor ya está cerca; el Señor ya está aquí». El padre del precursor es consciente de que la venida del Mesías es, sobre todo, luz, una luz que ilumina a los que viven en la oscuridad, bajo las sombras de la muerte. Ojalá percibamos hoy, en esta Nochebuena, que el Niño Jesús viene a iluminar nuestras vidas, a guiarnos, a señalarnos por dónde hemos de andar.










DESDE CULTIVARSE ES CRECER OS DESEAMOS UNAS FELICES FIESTAS


Ritual para enfrentarnos a una difícil decisión




Hechizos y brujerías

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Ritual para enfrentarnos a una difícil decisión


La vida está llena de opciones que nos abren multitud de puertas a variopintos pasajes y caminos. Pero dichos caminos tanto nos pueden encaminar al éxito como a la ruina, al amor o a la soledad, a la ilusión o a la desidia. De nosotros depende saber recoger y disfrutar de los frutos de una decisión acertada. Mediante el ritual que seguidamente vamos a especificar, intentaremos encaminar nuestro pensamiento hacia la toma de la decisión correcta.
INGREDIENTES
16 caracolitos marinos.
8 pedacitos de coco fresco.
8 eslabones de una cadena de metal.
1 pañuelo de seda blanco.
1 recipiente profundo de madera.
Agua bendita.
1 vela blanca y cerillas de madera.
PREPARACIÓN
Limpiaremos el fondo del recipiente con el agua bendita, así como todos los elementos descritos anteriormente, a excepción del pañuelo y la vela.
Con ayuda de la uña del dedo pulgar, marcaremos la vela con dos rayas verticales y dos círculos y la encenderemos con una cerilla de madera. Acto seguido, depositaremos todos los ingredientes en el recipiente y mientras los acariciamos y mezclamos con las manos, solicitaremos con los ojos cerrados a Orunmila que nos ayude a tomar la decisión correcta. Seguidamente, marcaremos los ingredientes con cuatro lágrimas de cera de la vela, pasando a tapar todo el conjunto con el pañuelo de seda blanco. Dejaremos que la vela se consuma por completo.
Al día siguiente volveremos a marcar y a encender una nueva vela y con los ojos cerrados pediremos la iluminación de Orunmila, proponiéndole, en voz alta, la alternativa a la decisión que creamos más válida.
Seguidamente, introduciremos la mano derecha en el recipiente y extraeremos un puñado de su contenido. Si en la palma de la mano encontramos los caracoles en número par representará que la decisión propuesta es la acertada. Si su representación es impar, el Orixá recomienda reconsiderar el tema. Si aparece mayoritariamente el coco significará que debemos postergar la toma de decisiones, recomendándonos repetir el ritual al cabo de una semana.








miércoles, 23 de diciembre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL MIÉRCOLES 23/12/2015



Miércoles 23
S, Juan de Kety, m.l.
Antonio de Sta. 
Ana; Sira; Vitoria; 
Mardonio






IV de Adviento.
Oficio del día
Mal 3,1-4.23-24 /
Sal 24 / Lc 1,57-66




                    Lucas 1,57-66
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño,y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:«¿Qué va a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.





La mano del Señor está con nosotros
El nacimiento de Juan prepara el nacimiento de Jesús. Y tanto Juan como Jesús no se nos muestran como «cumplidores» sino como «innovadores». La primera «innovación», en el caso de Juan, fue el nombre. No le llamaron Zacarías, como pensaba la gente, sino Juan, que significa «Yavé es clemente». Y así, en la silueta de Juan podemos contemplar ya una nueva imagen de Dios: la clemencia, la compasión y la ternura, en vez de la rigidez, la distancia o la condena. Juan dirige sus pasos hacia el desierto, emprendiendo un camino nuevo, la nueva ruta que Dios le traza. Allí, en el desierto, inicia su predicación, ofrece su experiencia de Dios, señala después la llegada del Mesías. Debemos estar siempre alertas para percibir los signos de los tiempos, los lugares donde Dios nos espera, a veces sitios tan insospechados como un cruce de caminos o un lugar despoblado o un pequeño desierto, en el que reina la soledad y el silencio.


Señor, pon tu mano sobre nosotros como la pusiste en luan el Bautista, para que así sintamos tu poder, tu grandeza y, a la par, tus caricias, que nos abren a la confianza y a la esperanza en medio de nuestros desiertos personales.











DESDE CULTIVARSE ES CRECER OS DESEAMOS UNAS FELICES FIESTAS

martes, 22 de diciembre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL MARTES 22/12/2015



Martes 22
Francisca-Javier
Cabrini; Honorato;
Lía






IV de Adviento.
Oficio del día
1Sam 1,24-28/
Sal 1Sam 2,1-8 / Lc
1,46-56


                                 Lucas 1,46-56
En aquel tiempo, María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia para siempre». María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.



La espiritualidad de María
Hoy, el evangelio nos presenta a nuestra consideración el Magníficat, que María, llena de gracia, entonó en casa de su prima Isabel, madre de Juan el Bautista. Cada día, la liturgia de la Iglesia hace suyas las palabras de la Virgen en la Liturgia de las Horas, cuando, rezando las Vísperas, dirige hacia el cielo aquel mismo canto con que María se alegraba, bendecía y daba gracias a Dios por todas sus bondades. Bien podemos decir que en esta visión de la vida y de la historia se concentra la espiritualidad de María: se fija en la misericordia del Señor que alcanza a todas las generaciones; contempla la historia humana, en la que ve cómo actúa el Señor: dispersando a los hombres de corazón orgulloso, derribando a los poderosos, levantando a los humildes y excluidos de la vida, colmando de bienes a los que lo pasan mal y despidiendo a los ricos con las manos vacías. El Magníficat nos ofrece un mundo nuevo, atrayente, fraternal, participativo y justo para todos.



Señora y Madre nuestra, María, haz que aprendamos y recitemos con el corazón tu hermosa plegaria y coloquemos en el centro de nuestras vidas tu espiritualidad de plena confianza en Dios, nuestro Padre.









DESDE CULTIVARSE ES CRECER OS DESEAMOS UNAS FELICES FIESTAS


lunes, 21 de diciembre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL LUNES 21/12/2015



lunes 21
S. Pedro Canisio,
m.I.
Severino; Bruno; 
Queremón; Marcelo; 
Glicerio




IV de Adviento. 
Oficio del día
Cant 2,8-14 (o bien: 
Sof 3,14-18a)/ Sal 
32 / Lc 1,39-45



Lucas 1,39-45
Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».



Encuentro de dos mujeres
El evangelio de Lucas relata el encuentro de dos mujeres embarazadas: Isabel y María. ¡Qué bellas lecciones para nosotros! María, tras el anuncio del ángel, se pone en camino aprisa, con decisión, poniendo su vida al servicio de su Hijo. Isabel no puede contener su sorpresa y bendice a María, con unas hermosas palabras que forman parte del rezo del avemaría: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». A Isabel lo que más le sorprende es la actitud de María. No la visita para mostrarle su dignidad de Madre del Mesías, no llega para ser servida sino para servir. Gozo en el alma y en el rostro de Isabel, y en el niño que salta de alegría dentro de sus entrañas. Isabel y María se funden en un abrazo de fe, de ilusión y de alegría. Hemos de estar convencidos de que Dios puede suscitar siempre mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que contagian alegría y dan a la Iglesia un rostro humano. Mujeres que nos enseñan a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.












Señor, te pedimos hoy que sepamos recorrer los caminos de la tierra como tu Madre, María, porque un cristiano lleva siempre consigo dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los hermanos.









DESDE CULTIVARSE ES CRECER OS DESEAMOS UNAS FELICES FIESTAS

domingo, 20 de diciembre de 2015

PALABRA Y VIDA: LECTURA DEL DOMINGO 20/12/2015


domingo
Tolomeo; Eugenio; 
Teófilo; Librado; 
Macario






4° del salterio
Miq 5,1-4a /Sal 79 
/ Heb 10,5-10 / Lc 
1,39-45





Miqueas 5,1-4a
Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Éfrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y este será nuestra paz».


Salmo 79
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.





Hebreos 10,5-10
Hermanos: Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad"». Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.




Lucas 1,39-45
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».



María: la alegría de creer
¡Menudo encuentro: dos madres se felicitan mientras sus hijos, en las entrañas, saltan de alegría! Sorprendente lección la del cuarto domingo de Adviento: en la maternidad virginal de María se encierra el secreto de la acogida del Salvador. Bien lo saben los santos, como santa Maravillas de Jesús, que con palabras certeras enseña cómo debe ser acogido Jesucristo en nuestras propias vidas: «Aprenda en el corazón de su Madre cómo se ama a Jesús». Cercana ya la Navidad, la liturgia nos invita a descansar la mirada de fe en la Virgen Madre que lleva en su seno al Autor de la vida. María se pone en camino, acude aprisa a la montaña, entra en casa de Zacarías y saluda a Isabel. No lo olvidemos: el primer signo de la presencia de Jesús es el deseo de encuentro, de fusión, de diálogo, de alegría compartida. Donde estas experiencias y sentimientos están ausentes, no está Jesús, ni está el Espíritu de Jesús. Isabel responde a María «a voz en grito». Para acoger al Salvador es necesario recibir en la propia casa a la Madre que nos lo entrega, alabando a Dios por su inmensa bondad (bendición), reconociéndonos indignos de su venida (humildad), saltando de gozo por su amor (alegría), fiándonos sin reservas de la palabra del Señor (fe). Para recibir al Hijo es necesario aprender siempre en el corazón de la Madre.



Señor, que nosotros nos pongamos en camino, como María, para experimentar la alegría de crecer; que acudamos a María para aprender a unirnos a Ti, en la entrega amorosa de la propia vida.






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